“la calidad de la misericordia”
“El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda” (Mateo 18:27).
El Señor nos manda a perdonar indefinidamente y a expresar nuestro perdón no solo con bondad y paciencia, sino con misericordia. Simplemente no les damos tiempo a quienes nos han ofendido para que nos paguen, sino que cancelamos la deuda y asumimos la pérdida nosotros mismos (Mt 18:27). Por ejemplo, si alguien daña tu auto, la manera en que Dios perdona puede requerir más que controlar tu temperamento y ser comprensivo. El perdón de Dios puede significar que tú mismo pagues por el daño. Esto es la misericordia, que es la esencia del perdón de Dios.
Dios expresó su misericordia enviando a Su Hijo Jesús para expiar nuestros pecados (ver 1 Jn 4:10). El precio de la misericordia es la vida, la sangre y la muerte de Jesús (ver 1 Pe 1:18-19). El Señor espera que pasemos a los demás la misericordia que Él nos ha dado. (Mt 18:33). Él nos permite compartir de Su misericordia al llenar nuestros cuerpos con lo que falta a Su sufrimiento (Col 1:24). Así compartiremos con Jesús en Su sufrimiento y compartiremos con Él en su gloria. “Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia” (Mt 5:7).
Oración: Padre, trabaja el milagro de la misericordia en mi.
Promesa: “¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como Yo me compadecí de ti” (Mt 18:33)?
Alabanza: San Hipólito comentó que Cristo “busca a todos, y desea salvar a todos, queriendo hacer a todos hijos de Dios.”
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