puesto de frutos
“El fruto del Espíritu es: amor, alegría y paz, magnanimidad, afabilidad, bondad y confianza, mansedumbre y temperancia” (Gálatas 5:22-23).
El fruto es el resultado final de un proceso. Un fruto no se da sin razón; sino que es producido. El Espíritu produce fruto en nosotros cuando vivimos en Jesús, la vid verdadera (Jn 15:5). Así también, la disciplina del Señor produce los frutos del Espíritu de “paz y justicia” (Heb 12:11). Y también, el dolor por nuestros pecados produce frutos del Espíritu (ver 2 Co 7:11). Así mismo, los dones del Espíritu producen frutos del Espíritu. Por ejemplo, las obras buenas son frutos del don de la sabiduría (Stg 3:17).
Parece que muchos cristianos están esperando para que el fruto del Espíritu aparezca “mágicamente”. El fruto no se da así. Todos los agricultores saben que, aunque al final, la cosecha depende de Dios, ellos deben de hacer ciertas cosas para que el fruto sea producido. Esto también es cierto cuando hablamos del fruto del Espíritu. Para hacer posible el fruto del Espíritu, debemos adherirnos a Jesús, aceptar la disciplina del Señor, estar arrepentidos por nuestros pecados (ver Ap 3:19) y utilizar los dones del Espíritu.
Oración: Padre, permíteme dar frutos (ver Gn 1:28).
Promesa: “Si vivimos animados por el Espíritu, dejémonos conducir también por él” (Gál 5:25).
Alabanza: El papa san Calixto I nació esclavo, lo hicieron prisionero, después sacerdote, luego papa y eventualmente dio su vida por la fe en Cristo.
Referencia:
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