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Domingo, 15 de octubre de 2017

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28vo domingo de T. Ordinario


Isaías 25:6-10
Filipenses 4:12-14, 19-20
Salmos 23:1-6
Mateo 22:1-14

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"vengan a las bodas" (mt 22:4)

"Destruirá la Muerte para siempre" (Isaías 25:8).

Esta semana, hace quince años, recibí una llamada telefónica informándome que el padre Al Lauer, fundador y autor por muchos años de Un Pan, Un Cuerpo, había fallecido. El padre Al había estado padeciendo de cáncer de hígado. Esa misma mañana, la Misa fue celebrada en su habitación. Durante la Misa, la Palabra de Dios se transformó en vida como ocurre con la lectura de hoy, proclamada también en el ciclo litúrgico del domingo del 2002, la cual anunciaba el futuro glorioso reservado para este moribundo y santo hombre de fe. En su último día en la tierra, padre Al escuchó que la palabra de Dios le prometía:

  • "...Habitaré en la Casa del Señor" (Sal 23:6).

  • "Y se dirá en aquel día: 'Ahí está nuestro Dios, de quien esperábamos la salvación: es el Señor, en quien nosotros esperábamos; ¡alegrémonos y regocijémonos de su salvación!' " (Is 25:9)

  • "...envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: 'Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas' " (Mt 22:4).

  • "Dios colmará con magnificencia todas las necesidades de ustedes, conforme a su riqueza, en Cristo Jesús. A Dios, nuestro Padre, sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén" (Fil 4:19-20).

"¡Felices los que mueren en el Señor! Sí –dice el Espíritu– de ahora en adelante, ellos pueden descansar de sus fatigas, porque sus obras los acompañan" (Ap 14:13). El lema del padre en su ministerio parroquial fue: "Piensen en Jesús" (Heb 3:1). ¡Nos regocijamos en saber que los ojos del padre Al están por siempre puestos en el Señor!

Oración:  Padre, concede eterno descanso al alma de nuestro padre Al Lauer y a las almas de todos los fieles difuntos.

Promesa:  "El Señor es mi pastor, nada me puede faltar. Él me hace descansar en verdes praderas, me conduce a las aguas tranquilas y repara mis fuerzas; me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre (Sal 23:1-3).

Alabanza:  ¡Gloria y honor a Ti, Señor Jesucristo!

Referencia:  (Esta enseñanza fue presentada por un miembro del equipo editorial).

Rescripto:  †Reverendísimo Joseph R. Binzer, Obispo auxiliar y Vicario general de la Arquidiócesis de Cincinnati, 10 de mayo de 2017.

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