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Miércoles, 23 de octubre de 2013

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san Juan de Capistrano


Romanos 6:12-18
Salmos 124:1-8
Lucas 12:39-48

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comercio de esclavos

"¿No saben que al someterse a alguien como esclavos para obedecerle, se hacen esclavos de aquel a quien obedecen, sea del pecado, que conduce a la muerte, sea de la obediencia que conduce a la justicia?" (Romanos 6:16).

En una película, una mujer que es esclava doméstica es comprada en el mercado de esclavos. Cuando su nuevo dueño la trae a su casa, le quita sus esposas, la libera y la entrega a su hijo, de quien ella se ha enamorado; para ser su esposa. Esta escena se asemeja a lo que sucede a todo aquel que viene a aceptar a Jesús como Señor, Salvador y Dios. Somos liberados de la dura esclavitud del pecado. El pecado es un jefe de esclavos brutal, sin piedad alguna. Al final de una vida de servicio "el salario del pecado es la muerte" (Rm 6:23). "El pecado está agazapado a la puerta y te acecha " (Gn 4:7), pero en Jesús tu puedes "dominarlo".

Por el contrario, el sometimiento obediente y fiel a Jesucristo es un tipo completamente diferente de la esclavitud. Sí, el Señor Jesús exige y requiere mucho de nosotros, sus siervos (Lc 12:48). Pero Jesús empieza por no llamarnos esclavos; él nos llama amigos (Jn 15:15). ¡En Jesús, ya no somos esclavos; somos hijos e hijas de Dios! (Gal 4:7).

Cambia tu servidumbre al pecado por una vida de servicio al Amor, una esclavitud amorosa a Jesús. "Sé esclavo de Cristo el Señor" (Col 3:24). "Fue por la libertad que nos liberó Cristo" del yugo de esclavitud al pecado, "¡manténganse firmes y no acepten el yugo de la esclavitud al pecado por segunda vez!" (Gal 5:1). Más bien, tomen el yugo de Jesús, el Señor del amor. "[Su] yugo es suave y [su] carga liviana" (Mt 11:30).

Oración:  Padre, te ofrezco mi cuerpo como instrumento de justicia (Rom 6:13).

Promesa:  "Que el pecado no tenga más dominio sobre ustedes ya que no están sometidos a la Ley sino a la gracia" (Rm 6:14).

Alabanza:  San Juan, teniendo razón para la esperanza, fue reconocido por su alegría al predicar incansablemente para fortalecer a los otros y combatir la herejía.

Referencia:  (Esta enseñanza fue presentada por un miembro del equipo editorial).

Rescripto:  †Reverendísimo Joseph R. Binzer, Obispo auxiliar y Vicario general de la Arquidiócesis de Cincinnati, 5 de junio de 2013

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